¿Se puede desgastar un corazón?
octubre 19, 2008
Como la suela de una zapatilla que, de tanto ponérsela, termina volviéndose fina, casi como el papel de fumar, y mientras andas por la calle se te clavan hasta los suspiros que la gente tira a las aceras.
Sí, se puede. Se vuelve frágil y cobarde; indeciso y pusilánime. Se hace diminuto y tembloroso detrás del esqueleto que se ha formado alrededor, y se le apagan las fuerzas para seguir latiendo.
Se desgasta, se pervierte, se desperdicia, se vicia, se malgasta, se consume y ralentiza el día a día.
Y no se puede cambiar, como cambiamos un par de zapatillas, se tiran a la basura, se compran otras nuevas y a estrenarlas como un niño pequeño con zapatos nuevos.
La única solución es dejar de ponerse las zapatillas y esperar a que la suela se enfríe. Dejar de llevar el corazón, para que vaya recuperando fuerza y bombee bien de nuevo, y buscar un sitio donde guardarlo a salvo mientras se recupera.
(Esto no es más que un desliz literario en este rincón, a sabiendas de que nadie entra y, si lo hace, no deja constancia de ello -autodesliz-)